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Publicado en Autoconoci...

Sangre de mi sangre:

Sangre de mi sangre:

Te escribo desde este rincón del Atlántico, donde el horizonte es solo agua y el tiempo parece haberse detenido en el balanceo del barco que me lleva a Buenos Aires.
 No nos conocemos en la carne, pero mientras atravieso este océano en 1900, siento que tú y yo estamos entrelazados en un campo que no conoce de distancias ni de años. 

Tengo miedo. Soy joven y el pecho me duele de tanta ausencia; me desgarra pensar que quizá nunca más volveré a ver los ojos de mis padres, el abrazo de mis abuelos o la sonrisa de aquella mujer que dejé en el muelle. En estos meses de travesía he tomado la decisión de partir, huyendo del hambre y de la guerra, de una tierra que ya no puede sostenerme. Pero el costo de esta búsqueda es un frío en el alma que me acompañará mucho tiempo.

Sé que después de desembarcar, mi vida será de sangre, sudor y lágrimas para ganar cada centavo. Viviré la soledad de los pasillos vacíos y la carencia de lo que una vez llamé hogar.
Tendré nuevas aventuras, conoceré nuevas personas, quizas recibiré algunos que dejo hoy.
Pasaré años buscando aquello que añoro, intentando llenar con trabajo y esfuerzo un vacío que, temo, se grabe en mis células y llegue hasta ti como una sed que no se apaga o un miedo a que siempre falte algo.

Pero hoy, mientras echo raíces en esta nueva tierra para que tú puedas florecer, tomo una decisión definitiva: mi historia de sacrificio termina en mí para que la tuya empiece de nuevo.

Yo soy el grande en este relato. Yo soy quien tomó la decisión, quien cargó con la maleta pesada y quien sobrevivió a la soledad para que hoy, en este 2026, tú puedas respirar con libertad. Tú eres el pequeño. Y los pequeños no han nacido para cargar en los hombros a los mayores; tu lugar es el de ser cuidado, protegido y, sobre todo, el de jugar.

Hoy te entrego mi bendición y te libero de mi viaje:
Te libero de mi arrepentimiento y de mis noches de soledad, para que tú siempre te sientas acompañado.
Te libero de mi memoria de carencia; yo ya pagué todas las deudas con mi esfuerzo para que tú vivas en la abundancia sin culpa.
Te libero de la necesidad de ser fuerte por mí. No necesitas repetir mi dureza para honrar mi nombre.
Te libero de la culpa de haber abandonado para que tu vivas libre de elegir y amar sin repetir o pagar mis deudas. Sos libre de amar y ser amado.

Yo cargo con el peso de este océano y de los años de privación para que tú camines ligero. Te entrego la fuerza de mi resistencia, pero me quedo con el dolor, devolviéndolo a la tierra que dejé atrás. 

Mira hacia el futuro con confianza. Mi travesía ya terminó en el puerto, pero la tuya es un horizonte abierto donde la alegría es tu único compromiso. Te tomo en mi corazón hoy, en este preciso día, y te bendo para que seas el ser libre y feliz que yo, entre las olas de 1900, soñé que serías.

Ve y juega, que yo ya cuido de nosotros.

Y recuerda siempre que eres mi felicidad de futuro, porque gracias a que existes, mi historia finalmente encuentra la paz.

Con amor eterno,

El alma que comenzo este viaje.